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FERNANDO CAMPOS

Ver alguna de mis obras, de mis pinturas, es abrir un camino -o varios-, para el encuentro quizá desconocido contigo mismo. Cada pincelada es una letra y, en su conjunto, termino escribiendo un libro en cada cuadro, que te lleve a la reflexión, sí; pero también a la contemplación de ti mismo.

Mi nombre es Fernando Campos, pinto desde 1994, ¿cómo un reto? Es verdad, así comencé. Un conocido mío con la enfermedad de Parkinson pintaba y me pregunté si yo sería capaz de hacer lo mismo, ¡y lo hice! Soy autodidacta y me incliné por la seducción del cuerpo humano; y de ahí, por alguna razón -¿mi educación, mi moral, mis padres, mi origen?- me enfoqué o, quizás debía decir, me absorbí, en el arte religioso, con una inusual influencia de la mitología greco-romana.

Nací en San Juan de los Lagos, Jalisco; México. Imaginen si lo traía, en todo caso, de nacimiento. Y ahí, en la ciudad donde abrí por primera vez los ojos, me convertí en el primer artista en tener una obra en la Catedral Basílica de Nuestra Señora de San Juan de los Lagos y una más -hoy muy reconocida- en el Templo dedicado al Mártir San Pedro Esqueda. ¿Profeta en mi tierra? Ustedes dirán queridos amigos.

Lo que si les puedo asegurar es que nunca imaginé que la vida podría compartirla a través de figuras, de colores, de formas, de claroscuros. Todo un lenguaje interpretado por la sensibilidad de mis sentidos, de mi interior y de mi consciencia-inconsciencia. Es particularmente emocionante para mi trabajar todas las obras que me piden por encargo; pasando por todos los matices que puedan imaginar utilizando los acrílicos, las acuarelas y los óleos, en cuadros de todos tamaños e, incluso, en murales.

Hoy, vivo la modesta satisfacción de tener obras en Australia, Estados Unidos, Francia, España, Canadá, Italia, Venezuela, Panamá y Perú; así como en diversas ciudades de mi querida república mexicana.

 

Quiero compartirles uno de mis más grandes logros y satisfacciones. En los últimos años he tenido el honor de ser parte de la delegación oficial que representa a México en el Gran Palacio de París; así como en el Consulado de México en Dijón, Francia.

 

Hoy sé que nací para pintar, pero algunos se preguntarán si estaba preparado para otra cosa que no fuera la de ser un artista plástico, un pintor. Sí, mi plan ‘B’ era ser optometrista; estudié la licenciatura en Aguascalientes, México. Y que curioso, la Optometría es la medición del índice de percepción visual. En todo caso, la percepción visual que yo ofrezco va más allá de la ciencia y de los ojos; yo me dirijo a la mirada humana a través de esa ventana que lleva al alma y las sensaciones del interior.

 

Sólo me resta compartirles mi espacio personal, mi hogar; donde vivo en mi ‘atellier’ y al que he dedicado mi propia expresión a través de murales que cada día, cada hora, cada minuto me mantienen conectado a mi gran pasión y ser: la pintura.

 

Texto revisado por MAX AUB.

 

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